Detrás de los más antiguos tepuyes de la sierra de la Macarena, un arcoíris derretido le dio origen a Caño Cristales: "El río más hermoso del mundo". Recorro su ribera y sus aguas límpidas me dejan ver la arena, las piedras cubiertas con musgos, las algas de color: amarillo, azul, verde, rojo y negro; el contraste impresionante y las hermosas formaciones rocosas de su lecho, con grandes túneles y una pletórica vegetación endémica que se renueva ante mis ojos. El fulgor de las imágenes vivas me devuelve los anhelos y me veo en el paraíso… asombrado por la poesía visual de mi terruño encantado.
En la ribera del río Amazonas –bajo el plenilunio– cuando hay fiesta en la región, el delfín rosado sale de las aguas. Toma formas humanas, y vestido de blanco, con paso lento y movimiento sensual, se pasea por las calles seduciendo a las muchachas más bellas en estado de fertilidad que quedan prendadas por su figura varonil. Hasta que alguna de ellas lo lleva hasta su lecho y después de hacerla disfrutar de una indescriptible noche de amor, sin mediar palabras –porque no sabe hablar– sale antes de nacer el sol y regresa al río, y con su cuerpo reluciente sigue nadando y saltando... y en el mínimo instante que queda suspendido en el aire, es otro pájaro que vuela hacia el infinito. Se dice que se ha ganado la enemistad de los hombres que intentan acabarlo y le atribuyen la paternidad de todos los jóvenes sin padres que, con paso gracioso ambulan por las calles, presumiendo ser artistas.
RETORNO A MACONDO
Aracataca, sol de mayo de 2007
Viajando a través de su propio sueño, en el tren amarillo de Macondo, iba nuestro escritor más laureado para reencontrarse con su terruño. Deslumbrado por el sol de mayo que irisaba el paisaje de su gente, con una nostalgia trasparente se acercaba entre el jolgorio y los halagos de una muchedumbre apostada en ambas orillas del camino. Y al terminar su viaje de ensueños, con su noble corazón inflamado de alegría, desembarcó del viejo tren, y entre aplausos caídos a porrillo, en medio de un ambiente cortesano, rodeado por toda su gente, volvió a respirar su aire macondiano, donde crece otro cielo mágico, eterno e infinito.Luna soñaba con conocer el mar. Por eso después de un apretado año de trabajo lleno de privaciones y de sueños, no dudó un instante en sacar sus ahorros para cristalizar su fantasía. Con el entusiasmo de una joven emprendedora que no aparenta ser una coqueta incorregible ni una cabeza hueca para alcanzar sus ideales, alistó maletas, se despidió del Señor Caído de Monserrate y partió hacia el corralito de piedras.
LA MUERTE DE LOS GIGANTES MILENARIOS
Aquí, en este lugar donde nacieron y deslumbraron con su verdor, con su arborescencia y su imponente estatura, los baobabs más grandes y antiguos se están muriendo de sed y se extinguen por las sequías agudas y crecientes que azotan a la región austral del continente africano. Estos árboles de tronco grueso, flores efímeras y frutos carnosos de distintas formas que reinaron en las sabanas africanas; por su aura misteriosa y carácter sagrado, son adorados por los pueblos africanos. Y aunque prevalezcan en el paisaje literario universal, bajo la pluma de Saint Exupéry, por la preocupación de El Principito, que buscaba a toda costa impedir que invadieran y destruyeran su hogar, el asteroide B-612, su pérdida presagia un mañana sin ellos y manifiesta el efecto devastador del calentamiento global y el deshielo de los glaciales, para la vida en este planeta. Y sólo nosotros, en este momento, aunque no podamos evitar las sequías ni los cambios drásticos del clima, podemos hacer conciencia, idear mecanismos para la conservación del medio ambiente, cuidar nuestros recursos, para asegurar que los “Árboles Mágicos” o “Árboles de la Vida” persistan por miles de años en la Tierra y en el pequeño astro de El Principito.
Cuando suena en Valledupar un acordeón, se escucha desde Riohacha hasta Leticia con amor y toda Colombia canta con emoción, los aires musicales de nuestro folclor. Se abren los fuelles, los juglares le cantan a Colombia un himno de paz, y el sentimiento que nace del corazón, rueda por la tierra llevando felicidad. El pueblo vive y siente las canciones, su ritmo levanta y sostiene la armonía, surca el horizonte y calla los ruidos desoladores. Y el sentimiento expresado por un vallenato, como los astros, resalta en el cielo complacido.
Laura se sienta al piano. Sus dedos galopan sobre las teclas con el tesón de quien somete los elementos. Emula el arpa llanera: el ébano y el marfil traducen la ebullición que su juventud impone, ese tañido que suena a cabalgata.
Su maestría doma el instrumento como a un solípedo que se vuelve manso, obediente al contrapunto. El piano no se acomoda; ella pulsa y pulsa hasta sacarle la eufonía, hasta convencerlo de que marque el trote que la música llanera exige.
Y
por un instante, el piano cambia de matiz y cabalga.
Mezclada
en partes iguales, entre alta cultura, heroína y porros de marihuana, una
legión de artistas afroamericanos fundó la Osa de estrellas negras. Era
dinamita negra frente al orden odioso. Nació entre toneles de whiskey y humo de
cannabis. Tomó cuerpo en lupanares, donde deslumbraba con su melodía sincopada.
De las barriadas caminó hacia la gloria, improvisando cantos de sirena,
encantando ciudades, adormeciendo el odio. El jazz inspiró cobres, azotó
baterías, con pellizco de monja pulsó contrabajos. Devolvió la humillación en
belleza.
Luchan contra la indiferencia, contra el silencio. Sueñan con ser estrellas, mientras bailan al son del currulao. La brisa violenta desata el polvorín, y entre la esperanza mentida, bajo el yugo que secuestra el pensamiento, envueltos en una concertada fiesta de intrigas, siguen soñando los bailantes. Con sentido inverso a los brazos del reloj, como queriendo retener el tiempo; se mueven sobre la tierra desnuda.
ASCENSIÓN
Cogidos de la mano van los dos amantes. El viento sopla fuerte, quiere derribarlos, arrastrarlos, separarlos. Pero ellos se abrazan, se funden en un beso y con la fuerza del amor lo vencen. Observo la imagen en el extenso mundo de la ensoñación, comienzan a elevarse, y como dos ángeles en los primeros intentos de vuelo, logran ganar altura, miro su ascensión, hasta que ya no puedo verlos.
POZO DE MAJAGUAL
Antaño pozo de Majagual, de tus albores ya no queda ni el polvo de agua, seco está tu manantial. Tus aguas se las llevó el estío y tus dulces perlas de cristal: sólo bañan recuerdos lejanos. Pero no todo lo borra el olvido, los nenúfares que embellecieron nuestros albores, siguen floreciendo en el pozo cristalino de la memoria.
EL GUACARÍ
Dicen que es un regalo de amor traído desde muy lejos. Su follaje es una ramificación de tallos robustos de donde brotan miles de hojas de diferentes tonalidades del verde incesante de la naturaleza glauca, donde se anidan los pájaros cantores de la región que despiertan y armonizan con su canto melodioso, todo a su alrededor. Su sombra, con más de setenta metros de diámetro, acoge a las parejas que sueñan y se prometen amor eterno bajo sus ramas, y a los visitantes, nativos y viajeros de todos los rincones del mundo. Tiene más de cuarenta años de haber sido plantado en la finca Alejandría, vereda Callo de la Cruz, kilómetro 38 de la vía El Viajano-San Marcos. Se dice que en las noches azules, los luceros y la luna se reposan en la fronda majestuosa de este árbol mítico que se llena de arborescencia. Es como una gran fuente castalia de donde brotan historias fabulosas y ensueños milenarios. Todos lo llaman "El árbol de San Marcos" o "El árbol más bello del mundo". Es custodiado por el silencio y bañado por el sereno de la ausencia. Los miles de ojos que han pasado y lo han mirado, van contando su propia historia.
– Listo, vale ¡mía! le expresé.
Y como cuidado por el diablo, llego a mi triste y desolada morada, me tiro en mi cama ancha, para descansar un rato, hasta escuchar nuevamente el ruido silencioso de mi alarma natural.
Luz de abril de 2010








