Sufro la más bella enfermedad.
Extasiado miro los prodigios
de cada hora que se aleja.
La pupila del tiempo se dilata,
me agarro de los mangos
para que el corazón no se desboque.
La poesía es una hiedra
eterna. Enreda el viento
de mi ensueño.
Pandemia que baja del cielo,
brota con cada sol.
Contagia de luz
cada lecho, cada ventana,
cada silencio.
Verdes y azules del nuevo brote,
pasmo y goce
de artificio y belleza
en la esfera del reloj.
Su verso infuso
nos devuelve el suspiro.
CORAZÓN GITANO
Buscaba en tu mirada
el lenguaje de tus ojos,
la luz de tu alma
y me perdí en tus besos.
Mi corazón es zíngaro:
no vino para quedarse.
Tu dicha no es mi cadena,
ni tu lecho mi destino.
Nada frena mi vuelo alígero,
ningún puerto será mi estancia.
Seguiré errante en el mundo,
lanzando mi tonada al viento.
En las noches de bohemia,
cuando escuche tu nombre hecho canción,
brindaré con tu recuerdo:
vino dulce de tu boca.
Su majestuoso regazo esconde misterio,
encanto.
Sus playas despabilan el brillo argentino
que despierta mi ser.
Su flujo de espumas nostálgicas
besa las bocas infinitas,
los labios de arena
de las flores mestizas.
Basta sentarme frente al mar,
trazar en sus páginas de agua
la íntima sensibilidad del ser.
Renacer enseguida
en la espejada superficie,
desnudar el encanto
de la apacible soledad del mar.
lo hace habitable.
su armonía incesante


